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Coger, casar o matar.

  • Foto del escritor: Manuela Rendón
    Manuela Rendón
  • 7 ene 2025
  • 3 Min. de lectura

Coger, casar o matar,

de ahí sale el romance en esta cuidad.


Medellín es de esas ciudades en las que buscas perderte entre la gente, entre los bares nocturnos, los museos que desconoces, las calles que vas conociendo, los encuentros clandestinos, los lugares abiertos en la madrugada, los tragos etílicos, los besos de una noche, los libros de Mendoza y García. En Medellín te logras perder en citas de primeras veces, que se vuelven la primera de muchas repeticiones. ¿Y como no?


Según Bauman, con su concepto de amor liquido, la introspección es reemplazada por una interacción frenética y los tipos de habilidades que se manejan son las de ´´terminar rápidamente y comenzar desde el principio´´. Así que, aquí vamos nuevamente con el impulso de evitación frente a lo incomodo.


Las primeras citas nunca son completamente satisfactorias, incluso cuando idealizamos de antemano una conversación de días previos, conocer al otro en esta cuidad puede implicar varias cosas:


Coger: Sin duda alguna, es la mejor de las excusas para acelerar un objetivo, no esta mal, en definitiva de ahí parten muchas de los conexiones genéricas en la cuidad, una salida con algunos tragos intencionados, conversaciones que comienzan por apps de citas, IG, o Wpp, preguntas de protocolo, ¿Qué haces? ¿Qué hacemos? ¿Cómo nos comportamos?; hasta aquí va eso. En todo caso, no por mucho, terminar en un motel, un hotel o una cama de un desconocido es lo de menos. El punto esta en, la repetición automática de crear conexiones flotantes, hay satisfacción, intimidad, adquisición de parte y parte, protagonismo del ego, y menor riesgo de compromiso. No esta mal. Coger puede ser el mejor de los escapes. ¿y como no?


Casar: Dentro de las probabilidades, según Jung en ´´la psique y sus problemas actuales´´: Esa armonía del matrimonio, propia de la primera mitad de la vida (si es que se produjo la referida adaptación) se funda esencialmente (como se pone de relieve después en la frase crítica) en proyecciones de ciertas imágenes típicas. Es decir, la forma en la que elegimos con quien casarnos, es una forma arquetípica de lo que entendimos por pareja, en contexto, desde lo filial. Así que, una pareja promedio en Medellín, busca un carácter erótico emocional, pero también, una imagen ilusoria de lo que es la vida en pareja, que en teoría espera que sea real. Aquí las citas se vuelven una elección de meses, incluso años. Citarse con el otro, es elegir estar con él. Aun así, las parejas extraordinarias que nos muestran la cuidad, no terminan siendo más que una forma de darle sentido a muchas cosas no expresadas, parejas de años con infidelidades de por medio, parejas abiertas en redes por miedo al compromiso, parejas con tríos dinámicos por precaución con el ego del otro, parejas unidas solo por los hijos, parejas con conexión cero desde lo sexual, parejas con abusos desmedidos...parejas, parejas, parejas. Esta cuidad cuida mucho el concepto de una vida en pareja. ¿Y como no?


Matar: Aquí morimos todos los días, el tema es que no hay quien nos mate. Esta cuidad no es violenta solo por lo que implica históricamente eso, es violenta con lo que cada uno permite desmedidamente con el otro. Las citas después de años comienzan a desfigurarse un poco de lo que converge estar en pareja, y no esta mal, las dinámicas relacionales buscan eso, aprender y desaprender del otro y de uno mismo al tiempo, hacia allá va la evolución. Ahora bien, cuando el punto es perderse en el otro, las citas dejan de ser citas, son encuentros monótonos de pura convivencia, citarse en un restaurante y no entender de que habló el otro, viajar y no disfrutar ni lo desconocido, despertar con alguien con quien no descansas. Aquí nos matamos de muchas formas, no hay duda. Seguir permaneciendo en el ideal de que las relaciones soportan, ceden, soportan, ceden, nos aniquila y aun así no hay quien nos mate. Es orgánico. ¿Y como no?


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